28.9.12

Viento en contra

Nunca, como hoy, tuve la vivencia tan clara del efecto viento en contra sobre mi. Y cuanto me disgusta.

Salgo a la ciudad vecina por una ruta, decido ir en bicicleta un poco para moverme, otro porque ayer raye el auto y me quede mal. 

Esta ciudad tiene calles muy estrechas doble mano y la gente estaciona sobre las casi inexistentes veredas. Gente viento en contra.

Hoy hay mercado asi que me gusta ir. Salgo con optimismo y vivo el camino verde, pleno de arboles, con las montanas detrás, fluidamente. No registro que tal vez el viento soplando por mis espaldas me este ayudando.
Llego rapidísimo. Hay muchísimo trafico, menos mal no fui en auto!

El mercado esta en su mejor hora: quesos, aceitunas, verduras de huerta, ropa, cosas para la casa, etc.
Mi cuñada me encargo berenjenas. Compro los dos tipos que hay, unas casi redonditas y otras mas alargadas, que elija las que quiera y yo me quedo con el resto. Agrego cebollas, tomates bien colorados y un melón. Lo pongo todo en el canasto. También compro una alfombrita de esas que se ponen para limpiarse los pies antes de entrar. Nunca las creí muy útiles, pero en la casa hay  cerámicos muy blancos y se ensucian enseguida. Blanco en el piso es viento en contra.

El tráfico se incrementa a la vuelta. Saco una foto a los autos mal estacionados para justificar el rayón de ayer y mi pena por haberlo hecho.

Retomo el camino de vuelta. El sol me da de frente, por suerte me puse protector. Empiezo a detectar cuanto me cuesta avanzar. 
Imprimo más fuerza en el pedaleo. Un poco más. Ya siento el viento en mi piel. Al subir la  energía el viento se vuelve más presente, sonoro y pesado. Y recién entre en la ruta!, me quedan unas 40 cuadras! 
Este viento en contra me avisa que todo el camino va a ser así… uffff!!! Pero no puedo detenerme, tengo que volver, no tiene sentido esperar, puede que dure así todo el día. Me adentro en la ruta. El viento es implacable, no me deja avanzar, me conecto con viejas sensaciones de enojo, me peleo con el viento! Y él no me mira, sopla fuerte desde su anonimato transparente,  si respondo con fuerza el se transforma en una barrera más en-contrante.

Quiero avanzar y me cuesta mucho. El sol me hace entre-cerrar los ojos. Los autos pasan a mi costado veloces  y yo me siento tan vulnerable en mi bicicleta con la canastita llena de verduras, que quiero llorar, y lo hago. Lloro de impotencia, porque ese viento me recuerda momentos, historias donde el viento en contra se hacía notar por sobre mis deseos de avanzar.

Tomo la decisión de ir lo más despacio posible para sentir menos su potencia y freno sobre mí. Me toca subir un pequeño (por suerte) puente. Pongo más fuerza y lo hago. Cuando bajo fluyo con ayuda del camino y le hago una burla al viento.

Después sigo.

Por fin atravieso la ruta y siento que me paso de todo. No creo que nadie que no haya ido atrás o delante mío comprenda, los cachetes rojos dicen poco, las sensaciones quedan en la piel.

Entro en el pueblo y las casas hacen que su soplo se sienta menos.

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